domingo, 9 de febrero de 2014

EL AMIGO DEL HOMBRE NUEVO


Por Leandro Alba

“Van quedando menos, pero soy uno de los pocos testigos de la vida de Ernesto”, dice “Calica” Ferrer, amigo de la infancia del revolucionario. Incansable compañero del médico por las rutas de Latinoamérica, “el Cordobés” es un testigo clave de la vida de un personaje que hizo Historia.


No había alternativas para la familia Guevara. El asma del niño era grave. El diagnóstico del pediatra de “Ernestito”, como lo recuerda “Calica”, era alentador sólo si se radicaba en un clima favorable. La provincia de Córdoba parecía el escenario ideal.

“Calica” da pasos lentos. Su mirada es pícara y parece tener una respuesta para todo. Sin embargo, es la espontaneidad el rasgo más sobresaliente de su personalidad. Impresiona ver las fotos de aquella época con Guevara, sus ojos no han cambiado. En una imagen aparece Ernesto con camisa y corbata, “Calica” sosteniendo un saco que lo hace reposar sobre su hombro, y en el medio de los amigos una bella joven con anteojos de sol. Se ven felices. El retrato fue tomado en Bolivia. Allí mismo, 14 años después, el Che sería asesinado, cuando intentaba avanzar con la guerrilla en el cono Sur. Esa fue la última vez que se fotografiaron.

La lucidez y la buena memoria ayudan al virtuosismo relator de anécdotas, acompañadas por la cadencia cordobesa que aún conserva su voz, hacen más entrañables sus historias. Mientras recuerda al “Che”, también se recuerda a él mismo. Es que sus vidas están ligadas desde el inicio, “desde la infancia”, comenta, mientras abre una ventana que ilumina una mueble nutrido de adornos, de cual un libro irrumpe la estética ornamental, y reza “Nuca más”, en su cálido departamento de Palermo.

“Entonces fueron para Alta Gracia”, explica .El aire allí era menos húmedo, y el clima resultaba ideal para los pacientes con esa clase de afecciones. El nuevo paisaje le sentó muy bien, y “mejoró bastante”. Allí lo esperaba un médico de buena reputación y especialista en problemas pulmonares. El  doctor Ferrer, papá de “Calica”. “Fue médico de la familia Guevara”, dice mientras se acerca, como quien revela un secreto. Así se conocieron, cuando Ernesto todavía no era el Che. Su único libro “De Ernesto al Che”, es un relato de las vivencias con Guevara durante la juventud. Es, también, una herramienta para humanizar a uno de los personajes más importantes de la Historia del siglo pasado.



Por aquel entonces, “la penitencia era meternos en la cama. Porque teníamos toda la sierra a nuestra disposición. La parte donde vivían los Guevara era todo monte”, cuenta “Calica”, que le divierte relatar las aventuras de aquellos lejanos años dorados, de los cuales lo separan dictaduras, revoluciones, arrugas y cabellos blancos. Pero siempre vuelve a escarbar en la memoria a buscar a su amigo, entre las sierras.
“El padre de Ernesto decía siempre que el primer entrenamiento como combatiente había sido en Alta Gracia, porque primero mejoró del asma. Después aprendió a andar a caballo, a andar entre las sierras, y aprendió a orientarse. Yo coincido con él, que ese fue el primer entrenamiento. Ese fue el principio del Che”, sostiene “Calica”, mientras mueve rápidamente sus piernas y sus brazos, como si saltara en medio de los relieves cordobeses. Ese paisaje que conoce como la palma de sus manos, por ser el escenario de sus primeras aventuras.

“Calica” se retira durante unos minutos del living de su casa. Alza la voz para que se lo oiga desde la cocina. Vuelve con algunos vasos y el aperitivo de la discordia, pero con los extraordinarios casi 30 grados de la sensación térmica de la Capital a finales de un octubre que se vence, amerita. Es un permitido. Pronto circulan los vasos con el elixir negro y burbujeante, hasta que le llega uno a sus manos. Lo rechaza. “A mí menos, a los yanquis hay que darle poca bola”, explica mientras aleja el vaso, que minutos después llevará a su boca.
EL VIAJE, de Ernesto al Che
Diarios de Motocicleta es la película que relata el viaje por Latinoamérica de Alberto Granados, (otro entrañable amigo de “Calica”) y Ernesto Guevara durante meses a bordo de La Poderosa, su moto. “Yo me quedé. En la moto caben dos no más. Pero me hubiese gustado ir porque yo veía la foto de la balsa en el Río Amazonas. Después me lo contaron los dos porque Ernesto me lo cuenta en el otro viaje”, reflexiona.  “Yo ya sabía por las cartas. Entonces Celia (madre de Ernesto) me decía ‘llegó carta de Ernestito’, y yo decía, ‘mira lo que me estoy perdiendo’”, su relato nostálgico es acompañado con un golpe seco sobre la mesa, como quien lamenta dejar pasar un tren.
Sin embargo, la necesidad de atravesar  fronteras de un joven “Calica” tuvo revancha en 1953. Qué mejor compañero que el estudiante de medicina, recién llegado de otro gran recorrido por la Patria Grande, con experiencia en las rutas y sed de aventuras. Existía un impedimento: Guevara aún debía finalizar sus estudios.
-¿Qué vas a dar 13 materias en un año?, le dijo “Calica” al irreverente Ernesto, en un intento por traerlo a la realidad.
-Ya vas a ver…, lo desafió el rebelde muchacho de cuerpo atlético.
El 7 de Julio de 1953, Ernesto Guevara de la Serna Linch obtiene el título de médico. “Metió las 13 materias. En un año”, cuenta exaltado Ferrer. Parece que Ernesto aún le despierta asombro, además de una admiración confesada.  Carrera maratónica la de Ernesto, como su vida. Aventuras fugaces, movimientos rápidos, pero con final abrupto y hasta prematuro. Como las revoluciones. Ernesto era revolución también.
La propuesta del viaje era tentadora y a la vez  no dejaba margen para tibios. Recorrer geografías extremas con poco dinero, dormir y comer donde se pueda. Conocer y explorar cuando y donde se quiera. Todo bajo una América Latina llena de dictadores y revoluciones. Plagada de jóvenes con inquietudes, que decidían levantar los ojos de los libros y mirar los caminos de los movimientos sociales de la época que estaban en plena ebullición, y si era necesario,

transitarlos.
“Pasando la Pampa húmeda para arriba, en la Argentina  tenías los mismos problemas que tenía  Bolivia, Perú, Venezuela.  Ernesto había viajado, pero yo tenía una visión corta de lo que pasaba. Sabía que había pobreza pero no tanto. Para colmo nosotros caemos justo en Bolivia cuando se dio una Revolución muy importante. Creo eso que lo inspiró a Ernesto, le sirvió de ejemplo. El MNR (Movimiento nacional revolucionario) había decretado la reforma agraria, habían nacionalizado las minas. Así que en la Paz se vivía un clima de ebullición y nosotros estábamos en contacto con todo eso”, reflexiona “Calica” sobre su viaje, que -sin saberlo- marcaría la vida de los dos peregrinos.
Bolivia, Perú, Ecuador fueron algunos de los destinos. El plan original era ir al encuentro de Alberto Granados, en Venezuela. Sin embargo, las reglas están hechas para romperse dice un refrán, y el plan fue abortado. Guayaquil fue punto de inflexión de los viajeros. La despedida definitiva. “Calica” partió hacia Quito, donde fue a probar suerte como futbolista  a la Liga de Quito. Ernesto tenía una tarea pendiente: debía convertirse en el Che.
-¿Cómo  se enteró que su amigo hizo la Revolución?
“La primera noticia que tenemos con Granados fue en Caracas. Me dice: ‘mira’- rememora la primera tapa de un diario que vieron de su amigo -Abogado Fidel Castro con un grupo de cubanos se preparaban para invadir. Están todos presos. Entre ellos estaba un médico argentino: Ernesto Guevara de la Serna. Y dijimos: ‘de este loco no sabemos nada’. Claro las cartas habían comenzado a escasear. Él no podía escribir cartitas diciendo ‘estoy entrenándome para ir Cuba’”.
Para conocer bien a un hombre, hay que viajar con él. Así dice un dicho popular iraní, del cual Ferrer se hace eco. “Calica”  hizo dos grandes recorridos con Guevara. El primero fue por los paisajes de Latinoamérica. El otro fue un poco más extenso y silencioso, ayudó a Ernesto a convertirse en el Che.

No hay comentarios:

Publicar un comentario